Frankestein o el moderno prometeo

ISBN: 978-84-15215-65-3

Nº de páginas: 288

Medidas: 130 x 195 mm

Formato: rústica

Descripción

Frankenstein o el moderno Prometeo nos muestra las consecuencias de una catástrofe. Con la figura del engendro, Mary Shelley representa la tensión creativa de la época, muy dura para las mujeres —la primera edición de la obra fue anónima—, y a través de esa tensión encuentra el argumento de su obra. La búsqueda de la soledad y el secreto, se reflejan en la figura de Victor, personaje atormentado y obsesivo cuya principal víctima es la criatura abandonada.

La historia —que por primera vez atribuía a la ciencia la capacidad de creación de vida usurpando los privilegios divinos— fue creada en unas vacaciones de 1816 que los Shelley estaban disfrutando en la residencia suiza Villa Diodati de Lord Byron, a orillas del lago Lemán. En una noche tormentosa de un verano inusualmente lluvioso y tras una animada charla sobre los experimentos con los que el médico y físico italiano Luigi Galvani pretendía demostrar que la electricidad era la auténtica «fuerza vital» que animaba los cuerpos, sobre los experimentos en galvanismo del médico y filóso-fo inglés Erasmus Darwin —abuelo paterno de Charles y uno de los pioneros defensores del evolucionismo— y la lectura de historias alemanas de fantasmas, Byron propuso la elaboración de un relato de terror por parte de cada uno de los asistentes: su amante Claire Clermont, los Shelley y el doctor John Polidori.

Mary, quien por entonces tenía dieciocho años, concibió la idea de Frankenstein durante un sueño y comenzó a escribir una historia corta. Unos días después de la propuesta, les leyó la magistral historia que se convirtió en un clásico de la novela gótica. Percy B. Shelley ejerció como corrector de estilo y logró ampliarla hasta convertirla en su primera novela, Frankenstein o el moderno Prometeo, publicada en 1818 de forma anónima.

Mary será, por siempre, la que fue capaz de construir una criatura hecha de trozos de cadáveres que llegó a enfrentarse con su creador para decirle: «Recuerda que soy tu criatura; debería ser tu Adán, pero soy más bien el ángel caído, a quien privasteis de la alegría sin ninguna culpa».